T, veintitantos, mejicana
Soy taciturna y huraña.
Mi cabello casi siempre es un lío.
Aún busco qué quiero hacer de mí.


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Ya no
miércoles, 22 de febrero de 2006

Me levanto. Apago la alarma. 7:30. Yo te llamo. No contestas. Tanta rabia. Yo te espero. No te veo. Me enloquezco. Me abandonaste. Me mentiste. No te quiero. No, no, no, no más con estos juegos. Yo no soy una Barbie de plástico. ¡Tengo alma! ¡Tengo alma! Estoy en casa, leyendo tus cartas. Ay, que mierda. Soy imbécil por quererte. Me causas dolor. No, no, no, no más con estos juegos. Yo no soy una Barbie de plástico. ¡Tengo alma! ¡Tengo alma!
Jd Natasha - Plástico 

He de nombrar aquella primera vez y ésta que será la última, ya no he de pensar en ti. Cada vez que te veo, impides la poca sinapsis entre mis neuronas. Fúchila.

La morrilla desvió la mirada de sus uñas, para de esa manera poder observar con el que alguna vez desahogó su dolor. Meses atrás él la estaría saludando, ahora ella era invisible. Esa sensación era extraña, ella que le había dado parte de sí misma para saciar la soledad de él... Ahora todo se había quedado atrapado en algún empolvado cajón de la mente de ambos. Sin desearlo, suspiró, y aquel pequeño aire con palabras escondidas que de sus labios salió pareció llegar hasta aquel morro. Fueron escasamente dos segundos el tiempo que se miraron el uno al otro, para que él siguiera platicando con sus acompañantes. No era decente, ni alto, ni atractivo e incluso era un completo desquiciado sexmaniatic; más sin embargo, ella lo quería. Y si es cuestión de confesar, el que fuese el amor de su vida se estaba besando con alguien más. Y sin querer escuchó como él le pronunciaba lo que tiempo atrás a ella también le dijo. Sus ojos llegaron a verse en los de él, le susurró en silencio: "¿Recuerdas?" y ese antipático punk continúo abrazando a la que se encontraba a su lado. A él le da lo mismo. [...] Y a ella también. Pues en esta ocasión, ya no le alteró. Todo terminó.