T, veintitantos, mejicana
Soy taciturna y huraña.
Mi cabello casi siempre es un lío.
Aún busco qué quiero hacer de mí.


{ older posts / newer posts }

Excusas
martes, 18 de agosto de 2009

Nadie tiene la culpa de las elecciones que yo haya tomado a lo largo de mi vida, no hay excusas. Y trato de ser honesta, porque la sinceridad no podría acarrearme mayores problemas. No puedo evitarlo, la franqueza se escapa por las esquinitas de lo que hablo, de lo que escribo, de lo que hago.

Mi defecto más grande es el herir - esto sucede cuando existen vínculos entre lastimar y el ser sincero. Y es que al ser humano se le puede dañar muy fácilmente. Además el daño es siempre difícil de curar. (Al parecer incluso cuando finjo ingenuidad, incluso cuando finjo incomprensión, o un falso interés, estoy hiriendo. También lo demuestro como silencio, el silencio que uso para incomodar personas o para estropear situaciones.) Pero no me quedo con toda la culpa, las personas siempre se dejan dañar, mucha gente lo permite. Porque una persona dañada tiene otra certeza que lo sustenta: sabe que va a sobrevivir, porque cuando has sido dañado te sientes vivo.

De esa manera desembocamos en cómo llego a joderme a mí misma, sin excusas. Me castigo porque aún me pesa la culpa, porque soy sincera conmigo misma. Ilogicámente este es el único modo que encontré para dañarme, no conozco otro. Esto me hace sentirme vitalicia, me da sustento como el aire que respiro. Sé que no es sano, que no es correcto, que no me traerá nada bueno, lo sé, lo he escuchado hasta aburrirme; pero, con todo respeto, me importan poco las palabras. ¿Por qué? Pues porque estoy enferma.

Entonces, por un lado a mi padre le tengo que dar la imagen de cordura mental y salud física, tengo que cenar de vez en cuando para no preocuparlo, y por otro lado me siento 'estable' comiendo debidamente. Pero luego cuando el acto se acaba llegan las palabras de siempre: "Santo atracón que te acabas de dar, ¿estás feliz ahora? ¿Eres una gorda feliz?" Y no puedo apagar el interruptor, porque esas voces ya son parte de mí. Y asi es como al día siguiente - con suerte - me seguiré dañando, porque me hiere más el seguirme alimentando.

Pero para vivir de esta manera se requiere paciencia. Y mucha inteligencia. Pero sobre todo, mucho silencio, mucha discreción. Hay mucho arte detrás de todo esto.