T, veintitantos, mejicana
Soy taciturna y huraña.
Mi cabello casi siempre es un lío.
Aún busco qué quiero hacer de mí.


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Déjame atrás y no vuelvas
miércoles, 14 de octubre de 2009

[...] Si hablamos en serio tengo que decir que todavía me asustan dos cosas más que nada en el mundo (es decir, de las cosas que se me ocurren ahora). Y esas dos cosas son el abandono y el reemplazo. Los dos por igual. En realidad son casi lo mismo. Toda la vida me sentí reemplazada y lo cierto es que no sé luchar cuando me están desplazando.
[...] Sí, tengo miedo al fracaso. [...] Pero con el tiempo y con los retos de mi vida me di cuenta de que lo que piensa la gente no me interesa, o que al menos puedo fingir que no me interesa y puedo hacer que la gente crea que soy autosuficiente. Lo cierto es que me interesa por demás de la línea de lo normal o esperado.

Estoy a su lado, ¡por Dios!, y ahí esta él, hablándole de lo mucho que le gusta y de lo bien que la vive con ella. Ella, mi reemplazo. No han pasado ni dos semanas, o tal vez menos si tengo en cuenta los mensajes de texto. Claro, claro, debo aparentar indiferencia. Oh, gracias, me hablan por móvil, distracciones bienvenidas. No, no, ¿por qué me miras? ¿Por qué lo miro yo de vuelta? Volteo hacia otro lado y sigo hablando. Cuelgo. Otra vez sus palabras como eco: muchos Nosotros y atascados Me gustas. La besa. ¿La besa? ¡La besa! ¿Es esto un nudo en la garganta? ¿Y por qué carajo sigo mirando la escena? Y peor aún, ¿por qué me dedicas una mirada? Esto es cinismo. Me largo, al demonio el trabajo. Camino hasta mi casa, creo que estoy hiperventilando. Mis ojos se llenan de lágrimas. Lo mío es masoquismo, sin duda.

Las citas son del libro Abzurdah.