T, veintitantos, mejicana
Soy taciturna y huraña.
Mi cabello casi siempre es un lío.
Aún busco qué quiero hacer de mí.


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¿Dónde cantará el jilguero?
lunes, 8 de febrero de 2010

¡Por Dios! Si vas a llamarme por el último, di a secas: Andrés. ¿Y de cariño? André me va bien. Evita los acercamientos incómodos y mejor mantente libre. Soy adictiva, dijo mi hermana. Creo que exagera, pero si fuera cierto la verdad es que olvido pronto. Entonces ya no te recuerdo. No sé si te quise o me importaste. Admitámoslo, no eres sustancial en mi vida. Y la culpa de todo esto la tiene el cambio climático. Siempre es así.

Estoy indecisa, lo admito. Quiero concluir esta licenciatura, quiero graduarme como gastronóma, aunque suene creído. PERO quiero artes visuales, quiero sastrería, quiero diseño de modas, quiero maquillaje profesional, quiero estilismo, quiero seguir aprendiendo idiomas, quiero traducir e interpretar. Me urge descubrir cómo integrar todo eso, o morir en el intento.

Dicen que los besos son íntimos, leales, que no se comparten a menos que haya confianza y cariño. ¿Amor? Espero que no sea mal visto besar por costumbre. Hoy besé saludando a un él, dos veces. No lo sentí raro, de ese modo era antes, cuando estábamos juntos. Hábito, pensé yo. Vicio, dijo un amigo. Yo le expliqué que no me significaba algo en especial, y él me recordó otra situación. Le respondí que ya ni recordaba aquéllo, que así de blah había sido para mí. Él me miro sorprendido. ¿Estas disgustado?, le pregunté, Acostúmbrate, ya te había dicho que no soy la perfecta encarnación de la santidad. Y seguí mordiendo mi paleta de arcoiris.
Las chicas de ciudad no tenemos campos de lavanda, trigales, ni cerezos en flor. No cantamos con los pájaros -a excepción de algunas estrofas aisladas que comparto con las ruidosas gaviotas que sobrevuelan mi balcón- y, lo que es aún más duro, no recogemos pequeños ramilletes de flores en nuestros paseos vespertinos. Es más, algunas de nosotras ni siquiera tenemos paseos vespertinos.
Es en este punto cuando descubrimos que la única opción, el último refugio contra el tedio, son las flores en el pelo. Muchas no se acaban de convencer y esbozan tímidos ademanes con la florecilla de jazmín de un parque cualquiera en una noche de agosto. Otras, sin dilación, lo descartan. "Demasiado romántico" –pensarán-. “¿Suficientemente romántico?” –se preguntarán las más acertadas-.
Nos gusta esa sensación de huída, ese optar por la feminidad trascendente. Vestidos románticos, tejidos románticos, peinados románticos… ¿Pero es acaso tocarse con flores una “actividad” genuinamente romántica? Sabemos que no, conocemos bien los laureles, la Arcadia y la novela pastoril. Pero… ¿se ponían, entonces, las señoras románticas bouquets de flores en el pelo? Yo me inclino por pensar que el clásico bandós –raya al medio con sendos mechones reposando sobre el óvalo de la cara y recogido posterior- era el rey de todas las fiestas.
- Sara Manzanares
Pequeña niña, tonta y romántica.

...Necesito un buen sketchbook. Quizá lo elaboraré con lo que encuentre en casa, porque no tengo para invertir en bienes. Es tiempo de ahorro y si la sociedad global lo hace, ¿por qué habría de sentirme out?