Sobreviviendo al otoño sábado, 2 de octubre de 2010
Todas las noches me dan las tres de la mañana leyendo.
No hay quién me despierte a una hora decente y el café siempre viene a la una de la tarde.
¿A dónde va la gente cuando el verano termina? En esta ciudad ya empieza el frío, y mis plantas cambian su verde por el marrón.
Hoy tengo cuarenta mil cosas que hacer, a pesar de ser fin de semana —el primero de octubre—, y aún no empiezo.
Pero aquí estoy, mirando mi café, perezosa y tranquila, alargando la espera, cómo si confiara en el futuro.